¿Cómo puedo saber si mi hijo-a sufre acoso?

       Desgraciadamente,  tras el último suceso  del suicidio de un menor de 11 años,  la preocupación de los padres por el acoso escolar ha aumentado significativamente. Su mayor angustia es no saber si su hija o hijo está siendo acosado y no saber qué hacer o cómo hablar con él o ella dado que, además, en esta etapa del desarrollo los adolescentes sufren profundos cambios caracterizados por una gran rebeldía, inconformismo, rudeza en el trato, deseo de intimidad,  crítica, inseguridad en sí mismo, inestabilidad emocionalaumentan  las relaciones con su grupo de iguales, disminuye la relación con los padres … todo esto, junto con otra serie de variables, hace mermar la comunicación entre padres e hijos.

     El acoso escolar se refiere a situaciones en las que uno o más alumnos-as persiguen e intimidan a otro  —víctima— a través de insultos, rumores, vejaciones, aislamiento social, motes, agresiones físicas, amenazas y coacciones… pudiendo desarrollarse a lo largo de meses e incluso años, siendo sus consecuencias ciertamente devastadoras:

     –  La víctima se siente sola, infeliz, atemorizada, pierde autoestima y la confianza en sí misma y en los demás

     –  Puede llegar a sufrir problemas de salud somática y emocional en grados variables: en algunos casos ansiedad y /o depresión…

      –  Fobia a ir al centro escolar

      –  Reacciones agresivas e intentos de suicidio

     Es  muy habitual que el adolescente víctima de acoso no cuente lo que le pasa por miedo, vergüenza, culpa… Por ello, es muy importante que los padres observéis si se dan algunos de estos síntomas:

 

  • Cambios en el estado de ánimo, parece triste (a pesar de la inestabilidad emocional  muy común en la adolescencia)
  • Miedos nocturnos, micción en la cama, alto grado de irritabilidad…parece muy nervioso
  • Se muestra extraño, huidizo
  • Está como ausente, asustadizo, abstraído en sus pensamientos, olvidadizo
  • Exagera o finge malestar físico o enfermedad para no ir a la escuela o instituto: dolores de tripa, cabeza…
  • Presencia de heridas, moratones…
  • No tiene amigos para su tiempo de ocio
  • Falta a clase y la justificación es muy poco convincente

El hecho de que se manifiesten estas conductas, no tiene que ser debido a padecer situaciones de acoso, pero sí es fundamental charlar con los hijos si observamos estos síntomas e indagar acerca de lo que les puede estar ocurriendo.

Sabemos que hablar con un adolescente no es fácil por los profundos cambios emocionales que sufren propios del proceso evolutivo,  pero  es esencial que los padres y madres empleéis todas las estrategias  posibles para comunicaros con vuestros hijos si existe la sospecha de que pueda estar padeciendo acoso o estar en situación de riesgo.

Algunas de estas estrategias de comunicación que os pueden ayudar son:

  • Es fundamental mostraros tranquilos para transmitir seguridad y control a vuestros hijos.
  • Escucharles mostrando interés por lo que nos cuentan sin entrar a juzgarles ni menospreciarles.
  • Apoyo y seguridad de manera incondicional.
  • Expresarle nuestra confianza en él/ella y en los cambios que se van a realizar para que la situación mejore.
  • Pedirle que nos cuente lo que está sucediendo y que toda decisión que se vaya a tomar se contará con él-ella.
  • Reforzar su autoestima destacando sus fortalezas y capacidades personales
  • Animarle a que amplíe su círculo de amistades fuera del centro escolar (ambientes deportivos, culturales, de ocio…) en las que él-ella quiera participar.
  • Ponerse en contacto con la escuela y mantener una comunicación fluida.
  • Fijar una estrategia de intervención para detener inmediatamente el daño que se está produciendo.

Algunos adultos piensan que el maltrato entre iguales forma parte de algo “natural”  para hacerse mayores dónde los menores tienen que hacerse fuertes y aprender a defenderse, pero lo cierto es que es absolutamente innecesario, indeseable e inmoral tener que crecer y “hacerse mayor” de esta manera.

Es responsabilidad de cada uno de nosotros trabajar para mejorar la convivencia, mensajes como “si te pegan, pega”, “si te insultan, insulta” hay que desterrarlos de una vez, la violencia no resuelve los problemas, se retroalimenta generando nuevos  conflictos.

El mensaje que transmitamos a nuestros adolescentes respecto al ejercicio de la solidaridad con el otro, de la preocupación de unos por otros, es la base de la educación para la vida y la convivencia, tanto en la escuela, como en la sociedad.

 

 

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