No hay futbolista, si no hay persona

¿Cuántas veces hemos escuchado que el deporte es un gran transmisor de valores?

     Y así es, o al menos, así debería ser; pero el fútbol, nuestro deporte rey,  se ha convertido en un gran negocio donde deja poco o ningún espacio a estos valores que, durante tanto tiempo, muchos educadores- entrenadores con gran entrega y compromiso tratan de inculcar desde la base,  a pesar de las barreras que se encuentran: padres-madres, dirigentes…

     Valores como: humildad, respeto, compromiso, cooperación, responsabilidad, esfuerzo, sacrificio, superación… y  que, valga la redundancia, pierden su valor cuando algunos de los máximos responsables, los que toman las decisiones, carecen de ellos.

     En mi dedicación a la formación de entrenadores de fútbol, hago mucho hincapié en la importancia de educar y humanizar a través del deporte y  pasamos muchas horas hablando de motivación, concentración, atención, estrés, confianza, cohesión, comunicación…¿de qué estamos hablando? De variables psicológicas  que influyen directamente en el rendimiento deportivo; ¿es el futbolista quién consigue mantenerlas en su nivel adecuado?

     No, el futbolista lleva una equipación que le identifica con un determinado club y/o selección… unas botas de fútbol, unos patrones de juego dirigidos por su entrenador que  ha de realizar en el transcurso del partido, una técnica que realizar y, en el caso de los porteros, unos guantes.  Pero debajo de todo eso, hay una persona que tiene sus pensamientos, sentimientos, emociones…y que le van a influir de manera directa en su autoconfianza,  nivel de activación, motivación, concentración, precisión… es decir, en su  RENDIMIENTO COMO FUTBOLISTA.

     Sin embargo, muchos entrenadores, muchos responsables de escuelas deportivas, y no digamos altos dirigentes, parecen olvidar lo esencial que el futbolista es, ante todo, persona.

     Hechos muy recientes acontecidos en el fútbol profesional como el no fichaje de David De Gea por el Real Madrid y, como consecuencia directa también afectando a Keylor Navas…, (sin hablar de los futbolistas que,  sin ser tan mediáticos,  son tratados como mercancía), avalan que son productos de negocio. Directores deportivos,  entrenadores… buscan calidad técnica en sus “nuevos productos”, pero ellos no muestran calidad humana, y debieran saber que  el “triunfo” del futbolista viene determinado por el valor y respeto a su propia persona.

     En el fútbol, el dueño es el futbolista. Sin él, este deporte, su impacto social, este espectáculo que mueve masas, millones de palabras vertidas a su alrededor, carece de sentido.

     Por todo ello, recordad, entrenadores, dirigentes, responsables de escuelas de fútbol…

NO HAY FUTBOLISTA, SI NO HAY PERSONA.

 

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